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jueves, 10 de diciembre de 2009 |
Inventamos y acertamos
Caracas, Noviembre 18 de 2009.
Feria Internacional del Libro de Venezuela 2009 (Filven)
Acertamos por cuanto lo que hacemos es seguir las orientaciones del líder y el sentido común socialista: “La cultura no es una mercancía, hay que leer y estudiar mucho”. La V Feria Internacional del Libro (Filven) va de lo mejor. El énfasis se ha puesto en la promoción de la lectura y no en la venta pura y simple de libros. Ojalá se vendan todos, pero creemos cada más que alguien se estimula a leer con sentido crítico.
Presentaciones de libros (más de 150 nuevos títulos), conferencias foros, talleres... todos a casa llena. Libros a dos, cinco, ocho bolívares, son adquiridos por gente que apenas puede cargarlos por la cantidad que seleccionan. Sin contar los títulos que se distribuyen de forma gratuita.
Es un orgullo el Pabellón de la Revolución Bolivariana (ergo, del Ministerio del Poder Popular para la Cultura): títulos nuevos, otros publicados anteriormente... miles de ejemplares. La constante reposición en los anaqueles se hace a toda velocidad. La gente no acepta que se agote un título. Un trajín vertiginoso.
De pronto, en el cruce entre dos caminerías, surge un personaje, un cartel caminante, que enarbola una “chupeta” con una frase, un verso, una reflexión de alguno de nuestros grandes pensadores. Sorprendidos, los visitantes detienen su andar para leer, pensar y reír.
Seis carpas sirven para formar escuadras de lectura fugaces con el público asistente (más de 30 diarias), que sesionan durante una hora y leen en colectivo, dramatizan, intercambian textos, discuten, desarrollan el pensamiento y se disuelven con la sensación de haber participado en un -hasta ahora- extraño proceso en el que te incorporan a aprender y disfrutar de la lectura, y lo más importante: quedar seducido para siempre.
Los visitantes pueden disfrutar y comentar tres películas diarias, una para niños a las once de la mañana. Porque son los niños que asisten al pabellón infantil, los protagonistas que le dan su sentido más profundo a todo este esfuerzo: esta Revolución es para ellos. Que disfruten, que lean, que vean el circo, el teatro, que participen en los talleres, y como una máquina del tiempo, nos muestren la patria del futuro: niños leyendo, jugando, creando, recordándonos con la sonrisa a flor de labios las palabras del Ché, cuando nos decía que todo revolucionario está movido por grandes sentimientos de amor. Los espectáculos musicales que se desarrollan en este entorno tan hermoso como lo es nuestro parque Luis Mariano Rivera, completan la fiesta.
Las encuestas reflejan mayoritariamente que la gente lee para aprender. “Ser cultos para ser libres”, Martí vivo en nuestro pueblo. Los textos más solicitados son de Historia y de Política. ¿Casualidad?
En esa misma orientación, el homenaje a Casa de las Américas es un homenaje para nosotros homenajearlos.
Por su parte, J. M. Briceño Guerrero nos prestigia con su presencia, con su obra y sobre todo con su sencillez de maestro barbado y sabio.
El pabellón de nuestro país invitado: el Estado Plurinacional de Bolivia, hermoso y rico en contenido.
¡Y todas las las instalaciones son propias, del Estado Bolivariano! ¡Del pueblo! No alquilamos los toldos, ni las tarimas, ni las sillas ni los reflectores. Todo se adquirió para esta Feria y está disponible para todo aquél que lo necesite de ahora en adelante, sin pasar por la esquilma de los tercerizadores voraces.
Sólo una Revolución Socialista hace posible esto. Sólo un líder y un pueblo esclarecidos, podían arrancarnos de la espantosa realidad a donde nos llevaba el neoliberalismo: libros escasos, inaccesibles, de contenidos dudosamente individualistas y vendidos en las librerías de los horrendos monstruos comerciales, donde consumir es el único valor.
“Sálvese usted solo”, “Hágase rico en ocho pasos” “Cómo sobresalir en su empresa”, son los temas que están siendo sustituidos por la poesía, las historias locales, las novelas, el análisis económico, político, nuestras tradiciones, creencias, mitos, ritos, leyendas, canciones, en fin, toda muestra con claridad que aquí nos salvamos en la creación colectiva.
Dos mil ochocientos títulos y decenas de millones de ejemplares, contrastan con apenas trescientos títulos en períodos comparables de la IV república. La distribución de más de sesenta millones de bienes culturales entre libros, diarios, discos, periódicos, folletos, revistas..., no tiene precedentes.
“La revolución es cultural o no es revolución” Lo ha dicho el Comandante. Y la revolución no la hacen unos cuantos “alumbrados”, la encarna el pueblo. Entonces, vamos bien. Nunca es suficiente lo logrado, pero tenemos un camino. Hay que reconocerlo, apurarnos y sobre todo no detenernos.
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