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sábado, 12 de diciembre de 2009
La Familia Revolucionaria

Publicado en el semanario Todos Adentro nº 295, del 12 de diciembre de 2009.

Es posible que muchos revolucionarios, luchadores, progresistas, lo sean por su conversión paulatina ante lo visto y vivido. Además –claro está- de lo estudiado o aprendido en ambientes formales o no formales. Y claro cuando han logrado combinar teoría y práctica. O al contrario: cuando de la práctica construyen teoría revolucionaria se forjan en una ética acerada que los hace seres indispensables a los procesos de liberación. Pero cuando previo a estos procesos de vida se ha nacido en una familia de padre, madre y hermanos revolucionarios se forja un acero de solidez infinita.

Conocí en estos años a los hermanos Rodríguez: a Sergio en Miraflores como Director de Relaciones Internacionales, donde me tomó poco tiempo apreciar su catadura de conocedor de los asuntos internacionales, la política, la disciplina y la lealtad. A Mauricio en la Vicepresidencia y en el MINCI, dictando cátedra de comunicación estratégica. Siempre ambos ligados –por conocedores- a la realidad de nuestra sociedad y a la idiosincrasia de nuestro pueblo. Nunca en ejercicios académicos de esos que –estériles-, sólo sirven para demostrar que se sabe mucho pero que no transmiten ni aportan nada.

Al poco tiempo tuvieron la generosidad de invitarme a una reunión familiar. Allí conocí a su madre, a dos hermanos, y a Mariano –su padre-. Y al cabo de un rato me di cuenta que tenía el privilegio de compartir con una familia revolucionaria.

Ahora se fue Mariano. Y a los Rodríguez los vi reunidos nuevamente en una situación de profunda tristeza y gran unidad familiar, el día de su muerte. Mariano fue un combatiente. Nos ayudó con unas clases en una de las maestrías de la Misión Cultura. Alegre, formado, inteligente y locuaz, animaba una mesa en la que lo encontré planificando con Blanca y Antonieta. A su edad decía: “estoy a la orden”, “úsenme”, en momentos en que a veces cuesta tanto conseguir trabajadores desinteresados.

Junté ánimos para ver y abrazar a mis amigos y camaradas. Y su madre salió del umbral donde yacía su esposo para dejarme atónito por su tremenda belleza espiritual para abrazarme y decirme desde sus profundos ojos azules “muchas gracias Héctor”. Solo atiné a decirle “han formado una gran familia”. Y tuve que irme. No tengo esa fibra de valiente frente estas situaciones.

Comprendí entonces el origen de ese acero que Mauricio y Sergio llevan como constitución genética, y que han pulimentado con el trajinar por las revoluciones Chilena, Cubana, Nicaragüense y ahora la Bolivariana. Tengo la suerte de ser parte de un equipo de trabajo junto a ellos. Vaya todo mi respeto a esa familia, esa “familia de revolucionarios”, a la cual le agradezco haber parido a estos dos panas que contribuyen sin descanso desde el Ministerio del Poder Popular Para la Cultura en este difícil construir del Socialismo en Venezuela.

Patria, Socialismo o Muerte.Venceremos
 
Caracas, 10/09/2010