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XVI Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos
Caracas, domingo 02 de agosto de 2009
Palabras del ministro del Poder Popular para la Cultura, Héctor Soto, en la entrega del XVI Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos.
Buenas tardes a todos y todas. En nombre del Comandante Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, quien no pudo venir al acto y designó al ministro del Poder Popular para la Cultura. Saludo a todas las personalidades aquí presentes, el cuerpo diplomático, a nuestro viceministro de Cultura de Identidad y Diversidad Cultural, José Manuel Rodríguez, a nuestro viceministro para el Fomento de la Economía Cultural, Jorge López, a Roberto Hernández Montoya y a todos los trabajadores y trabajadoras del Celarg. Sergio Rodríguez, nuestro director de Relaciones Internacionales y por aquí vemos muchos intelectuales y artistas amigos. Humberto Mata, Enrique Hernández D' Jesús, que fueron parte de ese jurado extraordinario, que tuvieron un trabajo extraordinario, porque fue récord el número de obras consignadas en esta edición. 268 obras participaron en esta edición. Por ahí vi a amigos, a Moreno Uribe, periodista. A todos lo medios de comunicación, a Telesur, a quien pido un fuerte aplauso. Obra e iniciativa de la Revolución Bolivariana ha sido Telesur, que nos ha permitido conocer lo que ha estado ocurriendo en Honduras.
También los compañeros de Venezolana de Televisión que están aquí. Muchos amigos he visto: artistas, intelectuales, profesores, académicos. Carlos Azpúrua, intelectual, documentalista, tal vez uno de los más prolíficos cineastas de Venezuela, Marialcira Matute, mis respetos Marialcira por su programa en pro del libro y la lectura. Adriana Montoya, a Mónica Chalbaud, prima de Román Chalbaud, Mónica nuestro respeto, envíale al maestro nuestro abrazo, que tanto ha trabajado, a la profesora Susana Adames, profesora de la Escuela de Arte de la UCV, ella fue profesora de Roberto, hiciste un gran trabajo con Roberto, y a todo el que no haya podido ver desde esta corta vista que tienen estos lentes, que tienen que ser renovados pronto.
Un cordial saludo para todos. A mí me toca después de lo profundo de ese veredicto tan breve, esa sentencia tan profunda y descriptiva de la obra de William, luego de las palabras del propio Ospina, y luego de las palabras de Roberto, entonces yo estoy en una situación mucho más incómoda que la de Roberto, que es la de hablar de último, cuando ya todos han dicho y entonces voy tachando ideas que yo tenía aquí, pero siempre queda algo.
Yo hoy confieso que parafraseando a Silvio Rodríguez, debo partirme en dos porque quiero compartir primero con ustedes el gozo que he sentido, que hemos sentido con la lectura de esta magnífica obra, de esta obra maestra de William, El país de la canela, y esta será mi primera reflexión, y una segunda idea que quiero compartir con el ministro del Poder para la Cultura (Colombia), nuestra visión acerca de nuestros pueblos, que es un sólo pueblo: el pueblo colombiano y el pueblo venezolano.
Estaba trabajando en el interior del país cuando hice una llamada a William que estaba en una mejor situación que yo porque estaba cenando con los viceministros y con Roberto. Le comentaba lo emocionado. De esa novela comparto las palabras de Roberto Hernández Montoya. Después de Cien años de soledad, para mí esta ha sido también la novela que más me ha atrapado, ese tipo de obras que uno está después de comer pendiente de seguir leyendo.
Es una novela histórica o una historia novelada, pero alucinadamente bella. Describe entre muchas cosas la tragedia del Cusco, la destrucción, el saqueo del Cusco por los hermanos Pizarro. Esa expedición que Gonzalo Pizarro luego de saqueado el Cusco con las riquezas saqueadas de la ciudad del Cusco, emprende buscando un imaginado bosque infinito de árboles de canela roja.
Una expedición tremenda que parte del Cusco, cruza las vértebras enormes de los Andes como diría Rubén Darío, y a la altura de Quito se interna en la selva amazónica, se topa con el río Amazonas, son capaces de construir un barco, un bergantín y hacen una travesía de meses, de largos meses y salen por ahí, por lo que hoy es Brasil, en el Atlántico, y suben al mar Caribe para terminar en Cubagua. Es tremenda la aventura enloquecida de Gonzalo Pizarro buscando ese país. La ambición y la codicia hace que se arme una travesía tremenda. Centenares de españoles, miles de indios, tres o cuatro mil indios según nos revela William, dos mil perros de los más feroces, animales que también han usado como armas de guerra, llamas, miles de cerdos y un recorrido que nos lleva a encontrarse con múltiples poblados y reinos indígenas. Alguno de ellos hospitalarios y otros feroces defensores de su soberanía.
Esta novela describe con un extraordinario nivel de detalles, la ferocidad de los conquistadores, pero también el arrojo y el valor de los pueblos originarios en la defensa de sus áreas geográficas, de su cultura. Muy interesante la descripción que hace William del sitio del Cusco (Manco Ipa Yupanqui), al frente de miles de indígenas sitian la ciudad del Cusco ya tomada por los españoles. Cinco meses duró ese sitio, y no pudieron militarmente entrar por el valor y la tenacidad mostrada por los soldados ibéricos, y cuando Manco se da cuenta que militarmente es imposible tomar la ciudad, y además, luego de cinco meses comienza el hambre de las tropas, decide quemar la ciudad. ¡Vaya decisión! para el inca, destruir su propia ciudad sagrada.
Es impresionante la descripción que hace William de los millardos de flechas en la noche en llama cayendo sobre el Cusco, que tal vez con la quema del Cusco se consolidó la destrucción de esa ciudad sagrada. El sitio del Cusco, el sitio de la ciudad más importante, pero simultáneamente estaban sitiadas decenas de ciudades de los incas valerosos, defendiendo su cultura y su territorio. Una obra que descibre la obra de los Pizarros, y en particular la de Gonzalo Pizarro, que aniquiló cuatro mil indios aproximadamente según la obra de Ospina, quemando vivos a muchos de ellos, descuartizándolos y dándolos como alimentos a la jauría de perros.
Es una novela llena de frases y sentencias impresionantes. Por eso yo voy a compartir con ustedes algunas citas textuales para que recordemos ese gozo. Primer párrafo, de una gran fuerza anticolonialista y antiimperialista, no antihispánica, en eso estoy de acuerdo con el jurado, con la sentencia del jurado. Hablaba con William por teléfono cuando él me dijo una cosa interesante que comparto. Probablemente España no explota lo mejor de su historia, sus grandes aportes a la humanidad, y pareciera haber sólo un empeño de destacar la faceta guerrera y conquistadora de esa nación.
Para mí quedó muy claro luego de la lectura de esta magnífica obra, el carácter casi genético de la rebeldía de nuestros pueblos latinoamericanos. Se mezcló la sangre de ese soldado ibérico, tenaz y valiente, con la sangre de los audaces indígenas y con la sangre de los africanos, con esa gran fuerza física y espiritual. Por eso digo, hay como genética, la fuerza rebelde de nuestros pueblos latinoamericanos.
La novela en sí misma y con citas textuales, párrafos que citaré más adelante, reconoce la importancia de conocer la historia. En alguna parte de la novela un personaje decía: “no sabíamos dónde íbamos y de dónde veníamos”. Recuerdo una sentencia del presidente Chávez que dice: “cuando uno no sabe dónde va, tiene que devolverse para saber por lo menos de dónde viene”.
Es una novela que demuestra el obseso y necesario objetivo imperialista de destruir los valores culturales de los pueblos que pretenden colonizar. En la novela se penaliza la codicia, la ambición con las fuentes de males y tragedias superiores. Al final de la novela el personaje que narra es un mestizo que desea ir a Europa, a España por primera vez, y ahí descubre las intrigas, los secretos de las cortes, las extorsiones. Las cortes europeas para quienes Las Indias sólo eran fuentes de recursos para finaciar sus guerras europeas.
Yo quiero hacer dos citas textuales de este texto. Una que me gustó mucho y la he comentado en varios actos de grado de la Misión Cultura sin el permiso de William, y antes que ocurriera este acto yo ya ando con el libro de William por ahí, citándolo textualmente. Dice el personaje: “yo he aprendido aquí a no desvelar ni un relato, ni una historia casual, quién sabe en qué trino de pájaro, y en qué frase balbuciente de esclavo está el secreto de nuestra salvación”. Yo lo mencionaba en los actos de grado de Misión Cultura, porque los 39 mil activadores de la Misión Cultura que es una licenciatura en Educación Mención Desarrollo Cultural, tienen como tarea académica recoger la historia local del lugar donde ellos viven.
Con los compañeros del Archivo y los de la Red de Escritores, pronto comenzaremos a publicar las más de 19 mil historias locales, y más de 18 mil autobiografías. Es un tesoro lo que tenemos, la tarea que ha hecho la Misión Cultura a nivel nacional. Además, la Ley de Consejos Comunales, nuestra organización primaria. La célula más pequeña de nuestra organización social. La Ley de Consejos Comunales obliga a los Consejos Comunales a recoger su historia local.
Refiriéndose Pizarro, el personaje, dice: “tú vienes de un linaje de guerreros, pero basta solamente mirarte para saber que en tí no sólo hay sangre de soldados, sino sombras de letrados de artistas”. Los imperios conocen que a los pueblos primero se les domina culturalmente antes que militarmente. Lo mencionaba Roberto, la destrucción cultural de Irak. Mucho antes de que desembarcaran los marines, la Biblioteca de Bagdad había sido pulverizada. Un millón y medio de libros. La primera edición de Las mil y una noches, las Tablas Sumerias de escritura cuneiforme, muchas de ellas sin decodificar aún.
Es vergonzoso cómo los generales norteamericanos ignorantes llegan a sus casas hoy, en este instante, con trofeos robados de los yacimientos arqueológicos de Mesopotamia que están siendo saqueados, y es que el Imperio sabe que primero a un pueblo se le aniquila culturalmente antes que militarmente. A mí me preguntan, ¿Héctor, a nosotros nos irán a invadir, a Venezuela? ¿No nos invadieron? Prende la televisión comercial.
Acerca de la locura de Pizarro, me encanta este párrafo lleno de fuerza pero además terrible, dice: “llamó a sus capitanes más fieles y les dio una orden horrible que algunos no comprendieron. Había que escoger diez indios de los más influyentes y arrojarlos en trozos a los perros. Para qué Capitán, preguntaron. Para que aprendan a decir la verdad, contestó. Para que esas bestias aprendan que no se nos puede mentir.
Después dijo, como tratando de justificarse: y para castigarlos por traidores”. Pizarro, hizo anunciar entonces el mando en las lenguas de los hombres de la montaña que cada día había que aperrear a diez indios hasta que reconocieran su culpa. De una expedición de cuatro mil, llegaron 52 a la orilla de Cubagua.
Me decía William, no todos los españoles que vinieron son criminales, y hubo manifestaciones de inconformidad por esas matanzas injustificadas, y dice bellamente el libro: “porque un soldado está dispuesto a matar en su propia defensa, pero no todo guerrero se complace en las carnicerías”.
Me conmovió profundamente el reconocimiento de este mestizo español de la existencia de esos grupos complejos, bello e importante que era el mundo indígena. Otra cita: “uno de los incas que quedaban con nosotros se volvió hacia el río (...) hablaba un poco en castellano y yo había conversado con él más de una vez en la travesía. Era un hábito de nuestros soldados el mirar a los indios como bestias de carga, pero hablar con aquel hombre para darse cuenta que había en él algo de misterioso y venerable que no alcanzábamos a comprender. No sabíamos mucho de su mundo, de sus costumbres, de su zodíaco, ni de sus sueños, pero los antepasados de aquel hombre habían levantado ciudades de piedras gigantes y las habían recubierto de oro. Habían trazado templos y palacios en las alturas, habían tallado observatorios en las agujas de piedras de la cordillera. Habían leído los signos del cóndor, del jaguar y de la serpiente en los tres niveles del mundo, habían domesticado las semillas y las vicuñas de los riscos, conocían los secretos de las terrazas de cultivo, repetían leyendas y canciones, guardaban historias y cifras en los muros, sabían tejer mantas y trajes lujosos con lana de alpaca (...) Habían estudiado los abismos del cielo, conocían de la Luna y los nombres de las estrellas. Sólo nuestra barbarie podía abordar tantas cosas y ellos en su silencio como bestias sin dioses”.
La obra termina como decía antes, escribe la resistencia de nuestros valorosos pueblos originarios. Este párrafo es maravilloso, tiene una fuerza tremenda. El personaje dice: “se puede conquistar una ciudad y un imperio, se pueden saquear tumbas y templos, se puede avasallar a un millón de aztecas o un millón de incas, pero no podrá someter la voluntad de unos hombres de una selva infinita. No podrá hacer aulas para tantos pájaros, no podrá someter al yugo a las dantas de los ríos (...) No podrá sujetar con gargantas de hierro a una manada de jaguares para que arrastren el carro de su historia como los leopardos del dios Baco.
Este párrafo, este pasaje, a mí me recuerda de inmediato el poema de Rubén Darío a Roosevelt, ese poema antiimperialista, qué casualidad. A Teodoro, no a Franklin, diciéndole que los Estados Unidos serán grandes, pero termina así: “más la América nuestra, que tenía poetas desde los viejos tiempos (...) que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco, que alfabeto botánico en un tiempo aprendió, que consultó los astros, que conoció la Atlántida cuyo nombre nos llega resonando, que desde los remotos momentos de su vida, lleno de luz, de fuego, de perfume, de amor, la América de Montesuma, del Inca, la América fragante de Cristóbal Colón, la América católica, la América española, la América en que dijo el noble Cuauhtémoc: “Yo no estoy en un lecho de rosas. Esa América que tiembla en huracanes y que vive de amor, hombre de ojos sajones y de alma bárbara vive y sueña, ama, vibra, y es la hija del Sol. Tened cuidado, (...) hay mil cachorros sueltos de un león español, se necesitaría Roosevelt, ser Dios mismo, el clero terrible y el fuerte cazador para poder tenernos en vuestras férreas garras (...)Falta una cosa: Dios”.
Creo que es un mensaje de resistencia tremendo que manda Rubén Darío a Roosevelt. He finalizado la primera parte. Esta es una tremenda obra William, es una edición de Monte Ávila Editores, del Gobierno Revolucionario, un primer tiraje de 20 mil ejemplares, que además lo vamos a vender en cinco o cuatro bolívares fuertes, pero yo le voy a proponer al Presidente, incluir esta obra en la Colección de los Consejos Comunales, porque es una obra que nuestro pueblo debe conocer. Esa es una colección como le comentaba a William, son 25 mil colecciones de 100 libros cada una. El Presidente nos autorice, estoy seguro de que así será, cinco mil más serán repartidos gratuitamente a todos los Consejos Comunales.
La segunda idea que quería desarrollar, es la idea de que somos un solo pueblo. Colombianos y venezolanos somos un solo pueblo, con oscilaciones históricas que pretenden separarnos, y siempre pretenden separarnos los poderes llamémoslo superiores, otros poderes. Aquí en Venezuela tres colombianos han recibido el Premio Rómulo Gallegos, comencemos por Gabriel García Márquez, Manuel Mejía Vallejo y Fernando Vallejo. Una gran riqueza e intenso intercambio cultural entre esas dos naciones hermanas.
No sólo tenemos un pasado común y con problemas que en muchos sentidos son comunes. Antes de la llegada de los españoles, no existía la nación colombiana ni la venezolana, era una gran nación indígena: arawacos, chibchas y caribes, que hablaban una misma lengua y vivían armónicamente. Una convivencia plena y responsable. Para los caribes, arawacos y chibchas no existían fronteras demarcadas ni naciones como tales. Somos el mismo pueblo. No había la primera división o el intento de separar a los pueblos, que por cierto han sido todos intentos fracasados, y creo que hoy lo estamos demostrando.
La conquista y la colonización que surgían de nuestro suelo y a través de la religión católica transmitía los valores de la sumisión. La pezca y los socavones de las minas de Colombia fueron las tumbas de miles de los pueblos originarios. El lenguaje caribe, chibcha y el de los arawacos fue prohibido por los españoles, ahí hubo el primer intento por desaparecernos, de disminuirnos y aniquilarnos, que los pueblos no se suicidan, y luego en la gesta de Independencia otra vez unidos los colombianos y los venezolanos.
La gesta vinculó íntimamente a la Gran República de Colombia, que fue la gran obra de Bolívar para conquistar esa gran nación, la libertad de Nueva Granada y también de los países del Sur. La Batalla de Boyacá, el 7 de agosto de 1819 aseguró ese camino de la Independencia, y esa la libraron colombianos y venezolanos. La Batalla de Carabobo consolidó la libertad y la Independencia, esa la libraron colombianos y venezolanos. Pichincha, Ayacucho, que los pueblos no se suicidan. Pichincha, Junín, Ayacucho, todas esas batallas fueron libradas por ejércitos y líderes colombianos y venezolanos.
Se creó la Gran República de Colombia, y por qué el pueblo ansía la Gran República de Colombia y las oligarquías criollas intentan dividirnos. Oligarquía que se apropió cada una del control sobre los estados de los países en los cuales quedó desmembrada la Gran Colombia. Fue esa época, alrededor de 1828, 1829, 1830, aquella época de La Cosiata, de la Convención de Ocaña, el Padre Libertador sufrió tanto en Bucaramanga, de donde salió esa obra tremenda de Francois, El diario de Bucaramanga, y qué ocurrió, la gente, la burguesía vinieron a atropellar y a dividir a los pueblos.
En el siglo XIX, el territorio colombiano sirvió de refugio a miles de venezolanos que huían de las múltiples guerras y revoluciones que se sucedían aquí en Venezuela, y a su vez Venezuela también sirvió de refugio a muchos colombianos que trataban de salvar sus vidas ante la inclemencia y la barbarie de las múltiples guerras que azotaron a Colombia durante el siglo XIX.
Recordemos la guerra de los Mil Días, más de 150 mil muertos. Venezuela fue un territorio de refugio para miles de compatriotas colombianos. Colombia refugió y protegió a un gran hombre como Cipriano Castro, que pudo desde Colombia recuperar y preparar su expedición y la invasión del Táchira e iniciar la revolución, y ese gobierno progresista que fue cercado por las fuerzas navales imperiales por haber defendido los recursos venezolanos, por haber defendido a la banca privada de aquel entonces que aportara para el desarrollo del país y para resolver los grandes problemas sociales, y que fue depuesto por su compadre Juan Vicente Gómez con apoyo del Imperio norteamericano.
Siempre el Imperio detrás del intento de dividir a nuestros pueblos. Ayer fue el español, hoy es el Imperio yankie. Colombia y Venezuela no sólo han vivido una historia compartida en muchos sentidos, sino que tradicionalmente han tenido problemas y relaciones comunes. Recordemos que en 1948 cae asesinado Eliécer Gaitán, y detrás de ese asesinato estaba el Imperialismo norteamericano, y ese mismo año es depuesto por un golpe militar Rómulo Gallegos, también el Imperio norteamericano detrás de todo eso. Demasiadas similitudes porque somos un mismo pueblo. No sólo las oligarquías en Venezuela y Colombia siguieron el camino de la sumisión a los intereses de Estados Unidos, sino que además mantuvieron la dominación sobre sus pueblos usando estrategias similares, yo diría que iguales.
En Colombia después de una dictadura militar del 53 al 57, los partidos Liberal y Conservador firman un pacto: El Frente Nacional, y comienzan a alternarse el poder uno y otro partido. En Venezuela, luego de una larga dictadura militar, del 52 al 58, se firma entre Acción Democrática y COPEI El Pacto de Puntofijo y comienzan a alternarse en el poder estos dos partidos, este tema bipartidista. Demasiadas coincidencias, es que no son coincidencias, somos un mismo pueblo. Se inicia el proceso revolucionario liderizado por nuestro presidente Chávez, y han ido creciendo los intercambios comerciales con Colombia. En 2004, el intercambio era de 2.800 millones de dólares. En el 2008 eso llegó a 7.300 millones de dólares. Ni hablemos de la población colombiana residente en Venezuela, tres o cuatro millones de compañeros colombianos, y aquí se hizo una jornada, una tremenda jornada ordenada por el Presidente para nacionalizar a todo colombiano que quisiera nacionalizarse en Venezuela porque somos un mismo pueblo.
La frontera entre Colombia y Venezuela, 2.120 kilómetros, es la segunda frontera más dinámica de América. En esta frontera hay una población que supera los ocho millones de habitantes que cruzan de un lado a otro sin ninguna distinción cultural que pueda separarlos. Habitan de un lado y otro de la frontera, y resulta indiferenciable distinciones culturales entre una y otra nación. Hablemos de los Llanos, los llanos venezolanos y colombianos. Uno transita por ellos y eso es la misma música, la misma comida, las mismas costumbres. Somos un mismo pueblo.
El interés en dividirnos no viene de la convivencia de dos pueblos hermanos, el viejo proverbio divide y vencerás, es aplicado por los dominadores, por todos los imperios que han existido durante la historia para mantener pueblos con fuertes identidades sometidos. Ahí está la fuente del intento de separarnos. Yo termino diciendo que separar estos dos pueblos, quienes estén trabajando por separar a estos dos pueblos están intentando cometer un crimen, pero no pasarán. Mis respetos al pueblo colombiano, mis respetos a la buena literatura, mi respeto a Ospina y a su infinita e importante obra. Muchas gracias.
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